El ictus sigue siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad en todo el mundo. Además, el número de personas afectadas continúa aumentando, entre otros motivos, a medida que envejece la población (Feigin et al., 2025).
Muchas personas que sobreviven a un ictus presentan alteraciones motoras y/o cognitivas que pueden limitar la marcha, el equilibrio y la realización de actividades de la vida diaria.
Dentro de la fisioterapia, uno de los enfoques empleados en rehabilitación es el entrenamiento orientado a tareas, basado en la práctica repetida de tareas funcionales y dirigidas a objetivos.
Pero antes de preguntarnos si este tipo de entrenamiento «mejora la marcha», debemos aclarar qué significa exactamente mejorarla y, sobre todo, con qué tipo de intervención lo estamos comparando.
¿Cómo podemos medir la marcha después de un ictus?
Hablar de «mejorar la marcha» es demasiado amplio. La marcha puede estudiarse desde distintas dimensiones y, por tanto, necesitamos diferentes medidas para evaluarla.
Una de ellas es el test de la marcha de seis minutos (6MWT), que permite estudiar la distancia que una persona puede recorrer durante seis minutos.
También disponemos de pruebas de marcha de cinco o diez metros, mediante las cuales puede estudiarse, por ejemplo, la velocidad de marcha confortable o máxima.
Otra prueba habitual es el Timed Up and Go (TUG), una prueba funcional en la que se cronometra el tiempo que tarda la persona en levantarse de una silla, caminar, girar, regresar y volver a sentarse.
Además, podemos estudiar la propia percepción de la persona sobre su movilidad. Para ello existe, por ejemplo, el dominio de movilidad de la Stroke Impact Scale o Escala del Impacto del Ictus, que recoge aspectos relacionados con el equilibrio, las transferencias, la marcha, las escaleras o el desplazamiento por la comunidad.
Por otro lado, podemos medir la fuerza de las extremidades inferiores mediante dinamometría. La fuerza no constituye una medida directa de la marcha, pero puede permitir estudiar si sus cambios se acompañan también de mejoras funcionales.

Por tanto, cuando hablamos de resultados sobre la marcha no estamos hablando de una única variable.
Una pregunta fundamental: ¿con qué estamos comparando?
Para interpretar correctamente los resultados de una intervención no basta con saber si un grupo mejora después de entrenar.
Debemos preguntarnos:
¿Con qué se está comparando esa intervención?
No es lo mismo comparar un entrenamiento orientado a tareas con no recibir rehabilitación que compararlo con otro programa de ejercicio activo.
Además, tampoco basta con poner una etiqueta a cada intervención. Es necesario estudiar qué se hizo realmente en cada grupo, durante cuánto tiempo y con qué intensidad o cantidad de práctica.
Veamos algunos ejemplos.
En Yang y colaboradores (2006) se estudió un programa progresivo de fuerza orientado a tareas que incluía ejercicios como alcances en bipedestación, levantarse y sentarse o subir un escalón.
Este entrenamiento se comparó con un grupo control que no recibió entrenamiento de rehabilitación.

Tras la intervención, el grupo que realizó el entrenamiento orientado a tareas presentó, entre otros resultados, mayores ganancias de fuerza, de distancia caminada y de velocidad de marcha que el grupo control.
Este resultado puede sugerir que practicar de manera repetida y progresiva tareas relacionadas con la función es beneficioso.
Sin embargo, la interpretación depende del comparador: en este caso, el grupo control no realizó entrenamiento. Por tanto, el estudio no permite determinar únicamente el efecto específico de la «orientación a tareas», ya que también existe una diferencia evidente en la cantidad de ejercicio realizada.
La importancia de estudiar qué contiene cada intervención
Knox y colaboradores (2018) estudiaron un programa compuesto por seis sesiones de una hora distribuidas a lo largo de doce semanas.
El entrenamiento consistía en un circuito de seis estaciones dirigido a trabajar fuerza, equilibrio y diferentes tareas relacionadas con la marcha.
Además, se indicó a los cuidadores que ayudasen a los participantes a realizar un programa progresivo de marcha en casa.
La intervención se comparó con dos grupos diferentes: uno realizó entrenamiento de fuerza y otro recibió una sesión educativa de aproximadamente hora y media que incluía unos veinte minutos de ejercicio.

Las personas que realizaron el entrenamiento orientado a tareas presentaron un mayor aumento de la distancia caminada desde el inicio.
Los propios autores plantearon una posible explicación: el entrenamiento de fuerza se realizaba principalmente en posiciones sentadas o tumbadas y no incluía una práctica directa de tareas relacionadas con caminar.
Aquí aparece un concepto importante: la especificidad del entrenamiento.
Si queremos mejorar una tarea, practicar directamente componentes relacionados con esa tarea podría favorecer el aprendizaje y el rendimiento funcional.
Sin embargo, existe otra posible explicación.
El grupo orientado a tareas tenía también un programa domiciliario de marcha con ayuda del cuidador. Ese tiempo adicional de práctica no fue monitorizado, por lo que desconocemos exactamente cuánto entrenamiento realizó cada participante fuera de las sesiones.
Por tanto, las diferencias encontradas podrían estar relacionadas tanto con la especificidad del ejercicio como con la cantidad total de práctica.
Van de Port y colaboradores (2012) estudiaron un programa progresivo de entrenamiento en circuito orientado a tareas y lo compararon con fisioterapia individual.
En el circuito se realizaban diferentes estaciones de entrenamiento funcional. La fisioterapia individual estaba dirigida también a trabajar aspectos como el equilibrio, la condición física y la marcha.
En este estudio resulta especialmente interesante observar la duración de las intervenciones.
El grupo que realizó el circuito recibió, de media, aproximadamente 72 minutos de tratamiento por sesión, mientras que las sesiones de fisioterapia individual tuvieron una duración media aproximada de 34 minutos.
En el resultado principal, el dominio de movilidad de la Stroke Impact Scale, no se encontraron diferencias entre grupos.
Sin embargo, algunos resultados secundarios relacionados con la marcha favorecieron al entrenamiento en circuito.
El problema es que ambas intervenciones no solo diferían en su contenido.
También existía una diferencia considerable en el tiempo de tratamiento.
Por tanto, no podemos determinar qué parte de las diferencias observadas se debe específicamente a la orientación a tareas y qué parte podría explicarse por una mayor cantidad de práctica.
Además, debe tenerse en cuenta que no se reportó un ajuste por comparaciones múltiples para los numerosos resultados secundarios analizados, por lo que estos hallazgos deben interpretarse con cautela.
¿Qué ocurre si añadimos alta intensidad?
Otro elemento que puede modificar los resultados es la intensidad del entrenamiento.
Outermans y colaboradores (2010) realizaron un estudio piloto en el que compararon dos tipos de circuitos.
Uno de ellos consistía en un entrenamiento orientado a tareas de alta intensidad, con actividades como subir escaleras, realizar giros, transferencias y marcha rápida.
La intensidad se incrementaba progresivamente con el objetivo de alcanzar aproximadamente el 70–80 % de la frecuencia cardiaca de reserva.
El grupo control realizó un circuito centrado principalmente en mejorar el control motor de la extremidad inferior hemiparética, el equilibrio y actividades relacionadas con la marcha, pero sin el mismo componente de intensidad cardiorrespiratoria.

Al finalizar el programa, el grupo de alta intensidad obtuvo mejores resultados en la distancia caminada y en la velocidad máxima de marcha.
Estos resultados son interesantes, pero deben interpretarse con cautela, ya que se trataba de un estudio piloto.
Además, de nuevo aparece el mismo problema interpretativo: las intervenciones no diferían únicamente en una característica. Cambiaban simultáneamente el tipo de tareas, la demanda física y la intensidad del entrenamiento.
Entonces, ¿funciona el entrenamiento orientado a tareas?
Los estudios revisados sugieren que la práctica repetida, progresiva y específica de tareas relacionadas con la marcha puede favorecer diferentes aspectos de la función después de un ictus, como la distancia caminada, la velocidad de marcha o determinadas tareas funcionales.
Sin embargo, afirmar simplemente que «el entrenamiento orientado a tareas funciona» puede resultar demasiado impreciso.
Los programas estudiados combinan diferentes componentes:
- práctica específica de tareas;
- repetición;
- progresión;
- intensidad;
- cantidad total de práctica;
- entrenamiento domiciliario;
- y diferentes formas de ejercicio complementario.
Esto hace difícil determinar qué componente es responsable de cada resultado.
Por eso, al interpretar un estudio de rehabilitación no basta con mirar si un grupo mejora más que otro.
Debemos preguntarnos qué hizo exactamente cada grupo, cuánto entrenó, con qué intensidad y contra qué intervención se realizó la comparación.
En rehabilitación, muchas veces la pregunta más interesante no es simplemente:
«¿Funciona este tratamiento?»
Sino:
«¿Qué componentes de este tratamiento podrían estar produciendo el efecto que observamos?»
Referencias
- Feigin VL, Brainin M, Norrving B, Martins SO, Pandian J, Lindsay P, et al. World Stroke Organization: Global Stroke Fact Sheet 2025. International Journal of Stroke. 2025;20(2):132–144. doi:10.1177/17474930241308142.
- Yang YR, Wang RY, Lin KH, Chu MY, Chan RC. Task-oriented progressive resistance strength training improves muscle strength and functional performance in individuals with stroke. Clinical Rehabilitation. 2006;20(10):860–870. doi:10.1177/0269215506070701.
- Knox M, Stewart A, Richards CL. Six hours of task-oriented training optimizes walking competency post stroke: a randomized controlled trial in the public health-care system of South Africa. Clinical Rehabilitation. 2018;32(8):1057–1068. doi:10.1177/0269215518763969.
- van de Port IGL, Wevers LEG, Lindeman E, Kwakkel G. Effects of circuit training as alternative to usual physiotherapy after stroke: randomised controlled trial. BMJ. 2012;344. doi:10.1136/bmj.e2672.
- Outermans JC, van Peppen RPS, Wittink H, Takken T, Kwakkel G. Effects of a high-intensity task-oriented training on gait performance early after stroke: a pilot study. Clinical Rehabilitation. 2010;24(11):979–987. doi:10.1177/0269215509360647.
Contenido divulgativo. Las decisiones clínicas requieren valorar cada situación individual.
